Muchas horas, mucho debate, noche cerrada en Bruselas y unos líderes de los 27 enrocados en temas que siempre han sido casi tabú en la Unión Europea. La última cumbre del Consejo Europeo antes del parón estival -salvo sorpresa- ha sido densa, lenta y se ha eternizado más de lo previsto en su primera jornada. Y casi para nada: los jefes de Estado y de Gobierno no han sido capaces de alcanzar un acuerdo sobre el pacto migratorio, aunque sí han reafirmado el respaldo a Ucrania. Después de todo, el bloqueo sobre migración envía el tema al viernes, al igual que la cuestión económica y la conversación sobre la relación con China.
Hungría y Polonia se mantienen como los dos Estados miembros que no quieren cuotas de refugiados, y habrían pedido durante la cumbre que «cada país elija» a quien acoger. Este posicionamiento se da semanas después de que los ministros del Interior de los 27 fijasen para la negociación con el Parlamento Europeo un compromiso de acoger un mínimo de 30.000 migrantes cada año, una cifra baja si se tiene en cuenta que han llegado por ejemplo unos 4 millones de ucranianos desde el inicio de la invasión rusa. A esto se añade una contribución financiera de al menos 600 millones de euros anuales a la reserva de solidaridad de aquellos gobiernos que no acepten dar asilo a la parte que les corresponda.
En lo que sí ha habido un consenso claro desde las declaraciones iniciales ha sido en el respaldo a Ucrania, incluso pese a las reticencias de Budapest. El Gobierno de Viktor Orbán avisa de que la Comisión Europea «no sabe en qué usa» las ayudas el Ejecutivo de Volodimir Zelenski. No obstante, el objetivo de los 27 es ahora dar garantías de seguridad a Kiev a largo plazo. Es más, el foco sigue ahí y no tanto en los problemas internos de Rusia, tal como se confirmó al inicio del encuentro con la presencia del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

El Alto Representante, Josep Borrell, fue muy rotundo en un nuevo mensaje al Kremlin. «Parece que Putin ya no es el único amo en la ciudad y que ha perdido lo que Maquiavelo decía que era lo básico del Estado, que es el monopolio de la fuerza», sostuvo, pero al mismo tiempo advirtió de los riesgos futuros si la dinámica interna en Rusia no se calma después del intento de rebelión por parte de los mercenarios del Grupo Wagner.
«Mirábamos a Rusia como una amenaza porque era una fuerza y se ha utilizado la fuerza en Ucrania», comentó el jefe de la diplomacia europea, que en cambio ahora pide «tener en cuenta su posible inestabilidad». En este sentido, una premisa repetida por los líderes de los Estados miembros ha sido que el objetivo no es lograr «un cambio de régimen en Rusia», sino mantener el apoyo a Ucrania «tanto tiempo como sea necesario».
Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, insistió en que la solidaridad con Ucrania «es existencial» tanto para Kiev como para el resto de Europa, y además se mostró «optimista» sobre la apertura de negociaciones de adhesión a la UE antes de que acabe el año, tal como lleva semanas pidiendo la Eurocámara. «Reforzar nuestra base industrial relacionada con la defensa, mejorar la innovación, reducir nuestras dependencias, ser más autónomos y fomentar la confianza deben ser elementos centrales de nuestra nueva política de seguridad y defensa», aseguró la dirigente maltesa en rueda de prensa.
«Y ahora tenemos que conseguir una nueva arquitectura de seguridad y defensa en la que garanticemos que la UE y la OTAN son capaces de complementarse mutuamente, sin crear duplicidades ni dar la impresión de competencia», terminó diciendo Metsola. La UE tiene claras sus prioridades, pero los líderes no consideran que se tengan que alcanzar por el mismo camino. Los próximos meses dirán.

